En julio de 1944 reuní setenta y cuatro obras y con ellas cubrí todas las salas de la galería Witcomb. Presenté cuarenta y cinco óleos de distintos tamaños y el resto eran aguafuertes y dibujos. Toda esa labor representaba apenas una parte seleccionada, una suerte de muestrario de los trabajos que realicé durante veinte años, sin contar las decoraciones murales, que por sí solas sumaban muchos centenares de metros de pintura.

Nueva York (1928)
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El pensamiento que orientó la fundación del museo y que sigue guiando a sus dirigentes, es el de que en éste se hallen representados todos los artistas de toda la República, sin olvidar a los precursores e iniciadores de las artes plásticas en el país, de los cuales ya figuran algunas obras en el catálogo.
Era una lancha no muy vieja, con un pequeño motor, que compré de ocasión en San Fernando, cuando ya podía permitirme ese lujo. [...] Era una lancha que siempre andaba en desgracia. Una vez se incendió con gente a bordo. Otra vez quiso hundirse sin motivo aparente que justificara el naufragio. La última vez que salí con ella a pintar me salvé de la muerte de milagro.
