Madrid (1923)
Durante más de un año no hice otra cosa que pintar y prepararme para la conquista de España. Por !n me embarqué en el vapor Infanta Isabel, en noviembre de 1922, con destino a Barcelona. Como no me sobraba el dinero, ni mucho menos, tuve que hacer el viaje a título de canciller del consulado argentino en Madrid, con un sueldo de trescientos pesos mensuales y mi correspondiente pasaje y pasaporte diplomáticos. Después me dirigí a Madrid donde exhibí ante el cónsul, Eduardo Schiaffino, mi nombramiento de canciller. Él se limitó a informarme de mi horario y de mi trabajo en el consulado. Y desde ese día me dediqué a cumplir con mis obligaciones burocráticas, durante seis horas diarias. Sacaba impresiones digitales, tomaba los datos de identidad, llenaba formularios y realizaba otros trabajos de oficina.
